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Emprender de forma responsable es un concepto que parece novedoso y desconocido para muchas personas atraídas por la idea de montar un nuevo proyecto o startup. Es como hablar de la nueva tendencia verde en los negocios.

Sin embargo, este tipo de emprendimiento tiene su origen en marcar un objetivo estratégico ético y sostenible que vaya más allá de la simple rentabilidad financiera, y que devuelva a la sociedad y al entorno, de manera tangible y real, parte de los beneficios que se generan por la actividad económica que se desarrolla.

De este planteamiento surge la pregunta, ¿pero es más rentable un negocio responsable que cumpla con todas las normas éticas y sociales? Sin lugar a dudas la respuesta es afirmativa. Muestra de ello es la relevancia que ha ganado en la alta dirección la responsabilidad social corporativa, pasando a formar parte de las agendas en las juntas de accionistas y directivos de grandes empresas como algo central e intrínseco al negocio en todos sus planos, de concepción, estratégicos, tácticos y operacionales.

Las pymes y startups no quedan fuera de esta poderosa corriente de cambio, porque las grandes multinacionales requieren cada vez más que sus pequeños socios y proveedores cumplan con políticas de integridad, estén al día con las normativas que regulan su sector, e incluso fomentan la certificación y participación voluntaria en plataformas de RSC y sostenibilidad global, como herramientas para contribuir, entre otros, a los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Esta cadena de exigencias y el sentido social de los negocios beneficia a los emprendedores que se han marcado objetivos acordes con la sostenibilidad y por tanto sus proyectos tendrán más posibilidades de crecimiento y estabilidad a largo plazo en una sociedad cada vez más consciente y responsable de los impactos que generan las empresas.

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